Granada #3

No lo creo. Sé que estoy enamorada de Graná.

Una nueva caricia del amanecer de Sierra Nevada roza mis pestañas. Es el aviso para que sonría, abra los ojos, me asome por mi ventana (sí, ya es MI ventana) y te observe. Último día de este viaje, porque sé que habrán muchos. Eres adictiva Granada, pues aún no me he ido y ya te necesito.

Alzo mis brazos y me desperezo, mientras mis muñecas giran mis manos. Pongo un pie en el suelo. Punta, tacón. Y el otro. Punta, tacón. Aún siento la energía y solera del Tablao La Alborea. Y con toda esa energía, me dirijo al baño a realizar mi ritual matutino: lavado de cara, dientes y ducha. Otro fantástico momento bajo el agua para terminar de despertarme. Salgo con la toalla para desenredar mi pelo y cremita, y otra cremita 😅 (para que mi queridísima compi me deje fruncir el ceño a voluntad, pero ni aún así…). Me observo por unos instantes en este baño, en este preciso momento. Me gusta guardar estos momentos en mi mejor disco duro, más conocido como corteza cerebral o, para los amigos más cercanos, el hipocampo.

Hoy quiero ver muchas cosas pendientes antes de irme, comenzando por un lugar quizá no tan conocido pero que Manu me mostró ayer en foto y quedé hechizada. Un poquito de polvos, colorete y rímel, un imprescindible. Ropa cómoda, zapato cómodo (no, hoy no tocan tacones) y móvil cargado para selfies y otras fotos. Aprovecho para dejar mi equipaje prácticamente recogido, pues después de desayunar dejaré contra todos mis deseos mi habitación (sí, MI habitación) y el hotel, que también lo siento un poquito mío.

Pero bueno, no hay que pensar en despedidas. Hay que pensar en delicioso olor a café recién hecho, a una tostada con aceite de oliva y jamón, a naranjas exprimidas y a un bollo. Granada me lo consiente todo. Y en el Hotel Casa 1800 Granada es difícil resistirse a no desayunar como un sultán. Este hotel que en otro momento sirvió de cuartel y hoy recibe al público con trato familiar y cálido como hotel boutique.

Hoy desayuno en el patio, bajo suaves rayos de luz que se cuelan por la abertura al cielo. Desayuno en compañía de los amables camareros y de un par de clientes sonrientes que también madrugaron, pues son poco más de las 8 de la mañana. Tomo un sorbo de café y un bocado de tostada contemplando las maderas, poniendo detalle en los elementos mudéjares aún vivos. Me dejo acariciar por la armonía de este desayuno en silencio, sonriente, feliz. Adoro estar aquí.

Tras terminar mi último sorbo de café y despedirme de los camareros, subo por la maravillosa escalera de nuevo, uso la llave y accedo a mi alcoba. Abro las ventanas y contemplo a la Alhambra. Recojo todas mis cosas de nuevo en la maleta, voy al baño a retocarme antes de recoger todo lo del baño y lo guardo en la maleta. La cierro y la dejo en el suelo. Recorro con la mirada toda la habitación desde la puerta justo antes de agarrar la maleta e irme. Bajo de nuevo, observo el patio antes de ir a la recepción para, una vez allí, despedirme de los recepcionistas.

   — Buenos días. Ya recogí mis cosas y muy a mi pesar le dejo aquí la llave — digo medio en broma medio en serio, pues sí me produce cierta pena el no volver por la noche aquí..
   — Hola señorita Lidia — me dice la chica —, imagino que eso es porque ha estado a gusto durante su estancia en nuestra Casa.
   — Muy a gusto, de verdad. Muchísimas gracias a todos por el trato y por la calidez. Prometo que en volver a casa y pasar el pequeño duelo post-viaje, pondré una reseña positiva en Google, TripAdvisor y en vuestra web para que quede constancia de vuestro buen hacer — muchas veces somos muy de quejarnos, pero es igual de importante, o más, dar a conocer las cosas buenas, por ello me gusta hacer reseñas cuando realmente hay algo que reseñar.
   — Muchísimas gracias, es la mejor recompensa, la satisfacción de nuestros clientes.

Me contesta con la mejor de sus sonrisas, o eso me parece, y nos despedimos con un «hasta pronto». Avanzo por los amplios escalones hasta traspasar la entrada y la puerta acristalada del que sin duda es mi mejor hogar en Granada. Y despedirse del que has sentido como tu hogar, cuesta.

Entrada Hotel Casa 1800 Granada 📌 Foto de Hotel Casa 1800 Granada

Dejo las cosas en el coche para disfrutar ligera del último día. Además, ya son cerca de las 10 y hay que aprovechar la mañana. Y aunque mi idea inicial era ir andando, pues es apenas media hora hasta la primera parada de hoy, se me va a hacer muy justo para todo lo que quiero ver. El autobús ayuda a no cansarse, pero tarda casi lo mismo y es más cuestión de tiempo que de cansancio. Así que estando por Plaza Nueva, tengo la solución para llegar en menos de diez minutos: ¡Taxi!

Recorro por primera vez, aunque sea en taxi, la verdosa Calle Gran Vía de Colón. Observo los edificios de distintos estilos. Gracias a los mapas puedo fijarme en los edificios destacados que se muestran, como la Iglesia del Sagrado Corazón, el Convento de Santa Paula convertido en Hotel 5 estrellas, el elegante Palacio Müller que alberga la Subdelegación del Gobierno, edificios con decoraciones modernistas y, al final, la Junta de Andalucía y un edificio que me llama la atención a mi derecha. La Delegación Territorial de Educación en Granada o Escuela Normal de Maestros. Un edificio clásico con 3 partes sobresalientes como tímidos torreones. Y justo frente a éste, el Instituto Padre Suárez, con un estilo similar aunque más barroco, no sé, no entiendo mucho tampoco.

Al llegar a la rotonda, el taxi toma la primera salida para dejar a la izquierda los Jardines del Triunfo, un amplio espacio que en otra época fue un cementerio en época musulmana. Junto a la Puerta de Elvira formaba parte del recinto amurallado del Albaicín. Recorremos también las inmediaciones de la famosa Universidad de Granada. Sí, famosa, porque quién no sabe de la fama de lo bien qué se estudia en Granada, por diversos motivos. Recostada en el asiendo, escucho los 40Principales que tiene puesto el taxista y la música. Así, hasta llegar a mi primer destino de hoy.

   — Ya hemos llegado. Serán seis con cuarenta y siete euros.
   — Con tarjeta por favor.

Bajo del taxi pues ya estoy en el Monasterio de Nuestra Señora de la Asunción, lo que se conoce como «La Cartuja» de Granada. Todo sea dicho, y cierto que es que, mal acostumbrada ya en Granada, la entrada no me impresiona. Atravieso la puerta exterior y atravieso el suelo empedrado para subir por los peldaños de mármol mientras observo el inmenso edificio, con una arquitectura bastante sobria de la que apenas se ve una estructura de ladrillos. Como dicen en Disney «la belleza está en el interior», así que atravieso el portal para acceder al Claustrillo, un gran patio rodeado de columnas que huele a naranja. Después de haber visto tantos patios cuadrados rodeados de columnas, jardines y fuentes, necesito una casa con un patio.

Tras aspirar el frutal aroma, accedo al refectorio, una estancia abovedada de gran sencillez decorada con pinturas del cartujo Fray Juan Sánchez Cotán, que era el espacio donde comían los monjes en silencio. Seguidamente está la sala de Profundis, antiguo lugar de oración de los monjes decorada con un lienzo en el que aparecen San Pedro y San Pablo, también del mismo autor, y el capítulo de Legos, parte más antigua del conjunto que se utilizaba como iglesia. A continuación se encuentra la sala capitular, adornada con cuadros de Vicente Carducho.

Continúo para descubrir el porqué es una visita imprescindible. Entrar en la Iglesia de la Asunción enmudece. Formada por una única nave, pero dividida en tres tramos. El recinto para los fieles, separado por una pequeña reja, el de legos y el de los monjes. Éstos se encuentran separados por un impresionante retablo con dos pinturas a los lados, también de Sánchez Cotán, y en el centro de estos una puerta adornada a través de la cual se ve la talla de la virgen de la Asunción en el altar mayor. Un altar dorado ricamente decorado en el que la talla de la virgen otorga suavidad y dulzura al conjunto.

No hay espacio en la iglesia que no haya sido decorado, pero el jugo de dorados, colores vivos en las pinturas y las yeserías blancas de las bóvedas suaviza esa sensación de recargado. Lejos de sentirme saturada por tanta decoración, me parece de gran belleza. Tanto, que paseo un par de veces a través de la nave para contemplar 360º de la hermosa cartuja.

Monasterio de La Cartuja 📌 Foto de Turgranada

El Sagrario está pletórico de decoraciones a doquier: columnas, esculturas, pinturas, yeserías pintadas,… El único espacio son dos pequeñas mirillas a los lados del tabernáculo que alberga la sagrada forma y una ventana detrás que permite la entrada de luz. Y por último, la Sacristía, de planta rectangular y cubierta de bóvedas pintadas. En este caso no destaca las pinturas y sobrecarga de tonos. Aquí destaca la soberbia decoración de estucos, pues está completamente decorada en estuco blanco en contraste con los pequeños detalles coloridos.

Maravillada con tan impresionante iglesia, y con lo mucho que engaña su fachada, ahora sí deshago el camino paseando por Paseo de Cartuja y Calle Real de Cartuja. Hago una breve parada para pedir un café para llevar en uno de los bares que hay por el camino, pues pasear con café en mano por Granada no tiene nada que envidiar a hacerlo por Time Square, por muy grande que suene.

Puerta de Elvira 📌

Llego a una rotonda empedrada desde la que atisbo una puerta mozárabe en lo que parece restos de muralla, la Puerta de Elvira. Mínimo tengo que cruzar por el original acceso a la ciudad de Granada. No hay leyenda alguna al respecto, pero estoy segura que al pasar por debajo estoy dejando las puertas de esta ciudad abiertas a poder visitarla de nuevo.

Continúo por Calle Tinajilla, que es una tinaja pequeñilla 😅 (perdón, los chistes no son para nada lo mío), tuerzo a la derecha al llegar al cruce con Calle Nueva del Santísimo y después a la izquierda por Calle San Juan de Dios. Y hago otra breve pausa para aprovechar y acceder rápidamente a la Basílica de San Juan de Dios.

Además de por el arte de las iglesias, el cual no entiendo más allá de valorar si me gusta más o menos, mi madre una vez me dijo que cuando visitara una iglesia por primera vez pidiera un deseo. No soy supersticiosa, pero el que no llora no mama. Y cuesta tan poco intentarlo que ¿porqué no? Además, deseos cumplidos no lo sé, pero grandes sorpresas sí me he llevado más de una vez. Creo que ésta es una de esas sorpresas que no me esperaba.

Basílica de San Juan de Dios 📌 Foto de Flickr

Paso a pedir un deseo y me encuentro con una basílica que es otra Cartuja que alberga el sepulcro del santo. De nuevo, un interior profusamente decorado típico del barroco donde predomina nuevamente el dorado. En el centro, rodeado de cirios y flores, el sepulcro del patrón de los enfermos. Si hay que pedir aquí un deseo, está claro cuál debe ser.

El camarín, una pequeña capilla detrás del altar, guarda objetos del santo, como su cruz de madera, muelas y otras pequeñas partes del cuerpo. Esto la verdad que no me gusta demasiado, pero en conjunto la basílica es espectacular. Pequeñas grandes sorpresas.

Retomo mi camino hasta alcanzar el Real Monasterio de San Jerónimo, primer monasterio de Granada tras la conquista de los Reyes Católicos y para el que éstos cedieron toda la piedra árabe de la Puerta de Elvira. El exterior del mismo ya es sorprendente, así que no lo pienso y accedo al claustro, situado en uno de los laterales del monasterio y a través de sus galerías se accede a las distintas estancias. Una vez más, estos patios de arcos y columnas que me enamoran, repleto de naranjos que me trasladan a Valencia por un instante. La sala de Profundis que precede al refectorio, que ya he aprendido que es el comedor de los monjes, muy sobrio en este caso. La sala capitular, lugar de reunión. Y al capítulo, de donde emanaban las normas del monasterio.

Y, por supuesto, la preciosa iglesia consagrada a la Inmaculada Concepción de María. Esta de planta de cruz pero también ricamente decorada. Aunque en este caso la decoración, aún siendo igualmente profusa, es de estilo renacentista y me parece más suave, quizá debido a la amplitud de esta iglesia. El retablo del altar, repleto de pequeñas tallas, me parece espectacular, en cuyo centro encontramos la Virgen de la Pera, la Inmaculada, San Jerónimo y, arriba de estos, Cristo crucificado. A los lados del retablo se encuentran las esculturas del Gran Capitán y su esposa, cuyo sepulcro alberga este monasterio.

Monasterio de San Jerónimo 📌 Foto de Turgranada

Vuelvo a pasear en esta preciosa mañana granaína por la Calle San Jerónimo, pues me queda una obligadísima visita que estoy dejando casi para el final. Y aunque con ganas de conocer la Catedral de Granada, paseo con calma por esta calle empedrada, simplemente porque me resulta agradable y me apetece. Observar a sus gentes paseando una mañana de domingo es otro de los muchos encantos que esconde Graná. Y absorta en contemplar la intrínseca vida de la ciudad, me doy de bruces con un inmenso muro de la Catedral. Alzo la mirada y contemplo a lo alto de cada lado las torres, una puerta lateral, la Puerta de San Jerónimo, junto a una fuente de 3 bocas. Y lentamente comienzo a rodearla en dirección a la Plaza de las Pasiegas.

Torre campanario de la Catedral de Granada 📌 Foto de Flickr

Rodeo la Torre del Campanario, la única torre, pues la idea original es que la catedral contara con dos torres de gran altura. La torre del lado derecho nunca se construyó y esta, la del lado izquierdo, está sin terminar. Los ojos no expertos no lo detectamos a no ser que seamos curiosos y nos informemos, pero está sin coronar. Aún así, con orgullo muestra sus tres cuerpos de planta cuadrada de gran envergadura y sus arcos del campanario, divididos en arcos más pequeños en cuyo interior se encuentra cada una de sus doce campanas. Su replicar es la mejor banda sonora de Granada.

Me adentro a la mitad la plaza para ver la fachada en todo su magnificencia. Sus tres arcos que de lejos se unen en sólo uno. Los medallones situados sobre una sencilla cornisa que produce la sensación de que están reflejados, igual que se refleja el cielo en el mar. Los relieves de vírgenes y santos. Las estatuas de San Pedro y San pablo a cada lado de la puerta principal, más alta que las laterales. La simbología que contiene cada uno de los detalles. Todo ello bajo la mirada vigilante de una imponente torre. Es… majestuosa.

Con toda la solemnidad que esta catedral se merece, traspaso sus puertas mirando al suelo, para elevar la mirada una vez dentro y perderme en la inmensidad. La Catedral de Granada está formada por cinco naves y dedicada a Santa María de la Encarnación. Los años que tardó en realizarse es clave de la simbiosis de tres distintos estilos, gótico, renacentista y barroco. Pero todos ellos mantienen los temas principales: la Encarnación, el Triunfo, el Perdón y el Júbilo. Su diseño fue inspirado por la Catedral de Toledo. Sin embargo, la planta está inspirada en el Santo Sepulcro de Jerusalén, identificando así a Granada, último bastión de la reconquista cristiana, con la Ciudad Santa en mano de los musulmanes.

Lo que más me llama la atención al acceder es la gran cantidad de columnas y la envergadura de estas. Cierto aire corintio que me evoca a lo divino, a la grandeza. Y el predominio de los arcos, ya desde la decoración exterior, manifiestan el triunfo. «Esta es la victoria que conquista el mundo: nuestra fe» reza una de las campanas de la Catedral, curiosidades que llaman la atención 😄.

La luz de todo el recinto, la pureza. Un blanco que comienza a ras de suelo, avanza por delicadamente decoradas bóvedas y regresa de nuevo al suelo. En tan inmaculado blanco, destacan dos impresionantes órganos barrocos, uno a cada lado, frente a frente, con tubos dorados. Al fondo, enmarcado en tonos dorados, imágenes que hablan de la Encarnación de Jesucristo y sobre estas, vidrieras de espléndidos colores que plasman escenas de la historia de la salvación. Sobre todo ello, el cielo estrellado.

Sólo me queda pasear, en silencio, para contemplar las quince capillas y altares perimetrales que la componen. Imposible elegir una, pero me detengo con más pausa en la de San Miguel Arcángel. Podría ser porque es la última, pero también porque él, jefe de los ejércitos de Dios, representa el triunfo del bien sobre el mal.

Catedral de Granada 📌 Video Oficial

Salgo de la Catedral sin dejar de poder contemplarla, de lado, con la cabeza alzada al cielo. Y continúo recorriéndola con la mirada por la Calle Oficios, donde se oye a un par de gitanas.

Calle Oficios 📌 A la izquierda, la Capilla Real; a la derecha, La Madraza. Foto de Turgranada

   — ¡Rubio, cógelo que es gratis!

Me llama la atención todo el folclore y la lozanía de estas mujeres, pero de sobrada es la fama que la lectura de la buena ventura no sale barata. Aunque presto atención a quién no ha sido ágil de librarse y escucha atento la retahíla bien aprendida de presagios que la gitana recita a grandísima velocidad. Y escuchando a las gitanas, contemplo desde fuera el Palacio de la Madraza para a continuación adentrarme en el patio de acceso a la Capilla Real de Granada, cuyo edificio está anexo a la Catedral.

La Capilla Real es mundialmente conocida por ser el mausoleo de cuatro grandes reyes. Los Reyes Católicos, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, quienes conquistaron el Reino de Navarra, de Canarias, de Melilla y el Reino nazarí de Granada. Y no conformes con unificar todos estos territorios bajo una misma corona, patrocinaron la conquista de América. Reyes de un reino donde nunca se ponía el sol. Y, junto a estos, descansan los Reyes Juana I de Castilla «la Loca», hija de los Reyes Católicos, y su esposo Felipe I de Castilla «el Hermoso», archiduque de Austria, duque de Borgoña, Brabante y conde de Flandes, excepto el corazón de él. Un corazón que ni después de muerto perteneció a su esposa Juana… ¿Te suena esta historia?

Antes de acceder al lugar de reposo de tan ilustres personajes, accedo a la sacristía-museo, donde se recoge el rico legado de los Reyes Católicos. Rico, sí, pero me llama la atención la sencillez del ajuar de la reina. Una reina a la que la historia la trata como una mujer inteligente, visionaria y sencilla, además de profundamente religiosa. Quizá parte de esos valores de austeridad sean el reflejo de su fe. Contemplo un precioso cofre, el espejo donde se miraba, su corona y su cetro, sencillos y, sorprendentemente, de plata, no de oro. Lo que sí tenía la reina era una amplia colección de pinturas religiosas, que también se encuentran aquí expuestas. Y, como no podía faltar a una mujer tan ilustre, el inventario de una amplia biblioteca de la que aquí sólo se guarda un exquisito Misal pintado para la Reina por Francisco Flores.

Tras pasear por el museo y contemplar la gran cantidad de obras que se hayan expuestas, accedo a la Capilla solemnidad, enmudecida por las majestuosas obras de ambos mausoleos bajo el Altar mayor. Los Reyes Católicos, de menor altura, donde observo las figuras yacentes del rey con su espada bajo el descanso de sus manos y a su lado la reina, sencilla, sin llamativos atuendos y con las manos suavemente entrelazadas. A su alrededor, iconografía religiosa en su mayoría. Y bajo sus pies el epitafio que sostienen unos dulces querubines.

Al lado, el mausoleo de Juana y Felipe, un poco más elevado que el de sus antecesores pues sus figuras descansan sobre un sarcófago. En este caso ambos consortes elevan sobre su hombro una espada él y un cetro ella. También les rodean abundante iconografía religiosa, pero también arte, filosofía, gramática, aritmética… Y donde su epitafio menciona a su ilustre hijo Carlos V, «…el cual erigió a sus padres este monumento». Pero ¿soy yo o realmente parece que se hayan acostado enfadados? Vale que las figuras de los Reyes Católicos tampoco permanecen mirándose uno al otro por toda la eternidad, pero en la escultura de Felipe y Juana está bastante acentuado que cada uno mira hacia el lado opuesto.

Capilla Real 📌 Foto de Turgranada

Antes de sumergirme, me fijo en que da la sensación de que los cuatro descansan bajo un doble dosel, separados pero unidos. Y justo debajo, en una extremadamente sencilla cripta, con sencillos ataúdes, yacen los ferétros de cuatro grandes reyes y del príncipe de Asturias, Don Miguel. Hijo de Manuel I de Portugal e Isabel de Aragón, quien sin haber cumplido tan siquiera los dos años era heredero de Castilla, León, Aragón y Portugal. Yace junto a sus abuelos pues fueron quienes lo cuidaron en su breve vida. Todos ellos, con importantes títulos nobiliarios y grandes proezas, descansan en la más pura sencillez bajo el sosiego de un pequeño crucifijo de madera. He de confesar que no soy muy fan de ver tumbas, pero impresiona ver tanta austeridad de quienes grandes gestas forman nuestra historia.

Son cerca de las dos de mediodía (¡cómo ha cundido la mañana 😃!) y el calor de Graná ya se va notando desde hace un rato, aunque en el cobijo de la Catedral se lleva mejor. Y aunque me muero de ganas de pasear por la Alcaicería, con este calor el cuerpo me pide una cervecita, una Alhambra de escarchado verde por el frío, como le gusta a Martita de Graná. ¡Qué jartá reír con esta mujer! Me estoy acordando de alguno de sus vídeos y me estoy riendo sola por las calles de su tierra 😂😂.

Paseo de nuevo de frente a la Catedral y no puedo evitar contemplarla de nuevo como si fuera la primera vez. Oigo el gentío conversando, riendo, paseando. Siendo el calor granaíno y la brisa de su Sierra Nevada. Huelo a piedra y a flores, a agua. Cuánto me gusta pasearte sintiéndote a cada paso. Contemplar el mismo cielo pero con otro tono. Será por el reflejo de tu Alhambra, no lo sé. Pero la vida tiene otro color entre tus calles.

Y embobada en el festival de emociones que esta ciudad ofrece, llego a la terraza del Restaurante Oliver en la Plaza Pescadería.

   — Buenas tardes — saludo sonriendo a un guapo camarero mientras me siento torpemente en un taburete de la terraza, pues con mis ciento cincuenta y siete centímetros de estatura sin tacones es un poco complicado —. ¿Me pone una Alhambra?
   — ¿Verde?
   — Sí, por favor. Muy fría.
   — Por supuesto señorita, enseguida se la traigo.

Si las andaluzas, como «La Chiquita Piconera«, tienen fama de una belleza singular, los andaluces tampoco se van a quedar atrás. Y es que a estas alturas todo me parece especialmente hermoso.

   — Señorita — escucho decir al camarero que me saca de mi ensimismamiento —, aquí tiene su cerveza bien fresca . ¿Sabe que va a querer de tapa?
   — Pues la verdad, no lo he pensado. ¿Alguna recomendación?
   — Yo le recomiendo unos chipirones que están buenísimos.
   — Pues chipirones, perfecto.

Consultando la página del restaurante, viene la historia de la tapa. Curiosa cuanto menos. Se podría decir que viene por reírle las gracias a un rey y copiar su comportamiento (cosa muy común hoy en día lo de copiar), pero quiero pensar que eso no habría llegado a suceder sin el ingenio de un muchacho, de un camarero, siempre atento a las necesidades de su cliente. Y gracias que fue así, porque el summum de Granada son sus tapas.

Me encuentro muy a gusto, pero me gusta lo de ir de un sitio a otro a probar tapitas. Así que es momento de ir a Bib Rambla a donde Manuel me recomendó ayer, a sus tocayos. Y babeo sólo de pensar en probar las croquetas de Los Manueles. Mesita en la terraza para mí, cerveza Alhambra reserva 1925, pido un salmorejo con picadillo de jamón y huevo que me apetece muchísimo y no una ni dos, si no tres croquetas Manueles 🤤. La tapa, dejo que me sorprendan. Porque sí, en Graná aunque pidas de comer, la tapa siempre te la sirven.

Aquí estoy, con mi mesa llena de delicias y cerveza fría en la mano mientras los rayos de sol broncean suavemente mi piel. Qué bien sienta cuidarse así de bien. Y cuánto deporte tendría que hacer si viviera en esta ciudad, porque es imposible no comer.

Ya casi alimentada, me pido un café cortado con hielo y, como no puedo resistirme desde que lo he visto en la carta, un capricho mozárabe. Sí, el nombre puede referirse a muchas cosas, pero se trata de un hojaldre relleno de manzana y crema pastelera. Y como era de esperar cedo a tan dulce tentación y me dejo terminar de enamorar.

Barriguita llena, es hora de volver hacia la Catedral, pero esta vez me desvío a la derecha y paso por un arco a modo de puerta. Es la entrada a la Alcaicería, antiguo bazar de Granada, en otra época fue un bazar de lujo, con multitud de tiendas y nueve puertas custodiadas por guardias. Aquí se comercializaba la tan preciada seda, plata, oro y distintas piezas de orfebrería.

Actualmente, sus peatonales y estrechas calles están llenas de pequeñas tiendas en las que comprar recuerdos de Granada, como las famosas lámparas de cristal de colores o cerámicas pintadas. Pasear por entre sus calles, con las tiendas abiertas a éstas, y acceder para ver los productos que ofrecen e incluso regatear los precios, es como caminar por un pedacito de Marrakech.

No puedo resistir la tentación de comprar algún recuerdo y de regatear, así que entro en una de las tiendas. He de regalar una lámpara de cristales de colores.

Alcaicería 📌 Foto de Turgranada

   — Buenas tardes — saludo al dependiente y le señalo una de las lámparas más bien pequeñas—. ¿Cuánto cuesta esta lámpara?
   — Treinta euro.
   — ¿Treinta? ¿En serio? Es más bien pequeña. Le doy veinte por ella — comienzo a regatear.
   — Treinta.
   — Me parece muy cara. ¿Veinticinco?
   — Treinta — el dependiente es duro…
   — Por veinticinco me la llevo, va. Si no pues miraré en otro sitio — tiro la última carta a ver si con lo de que me voy me hace la rebaja.
   — Lo siento señora, son treinta euro. Treinta barata.
   — Vale, de acuerdo. ¿Me la pone para regalo?

De acuerdo, mis artes del regateo son inexistentes. Diría incluso que ridículas. Pero al menos tengo buen gusto y me llevo la lámpara más bonita de toda Granada.

Tras recorrer la Alcaicería, cruzo al otro lado de la Calle Reyes Católicos para ir a conocer uno de los monumentos más antiguos y gratuitos, pero de gran importancia. La Alhóndiga Nueva o Corral del Carbón fue un antiguo almacén de trigo. Además, servía de alojamiento a los mercaderes que lo traían y que aquí mismo lo comercializaban. Adentrarse en su patio es contemplar siglos de historia árabe. Quizá sea el patio más antiguo de todos los que me han enamorado en este viaje. Consta de tres pisos comunicados por una galería que lo rodea. Y en el centro, en esta ocasión hay una pila, no una fuente como tal, pues esta serviría de bebedero para los animales. Pero me llama la atención la vegetación existente entre las distintas plantas.

Interior del Corral del Carbón 📌 Foto de Turgranada

Pero tras contemplar su interior, me detengo a observar detenidamente su portada, pues la belleza en este caso sí está en el exterior. El zaguan ricamente decorado con mocárabes de motivos vegetales e inscripciones en árabe, similar al estilo de la Alhambra. Y al pasar su puerta, miro de nuevo hacia atrás pues su entrada está enclavada entre edificios. Su magnífica puerta que nos cuenta a través de sus ladrillos la historia musulmana, está encajada en medio de una calle como si el pasar de los años no fuera con ella. Y así, avanzando en contra dirección y viendo como su fachada queda encajada entre los edificios de la calle Puente del Carbón, comienzo a despedirme de Granada.

Tras haber recorrido esta ciudad, sus barrios, su palacio, su arte, sus basílicas y catedrales, sus bares, quiero irme de aquí con la sensación de paz que Graná me transmite. Quiero despedirme repuesta de alegría y de calma, de infinita belleza, de calor. Quiero empaparme en su esencia aún más.

Deshago el trayecto del primer día y encamino mis pasos hacia el Paseo de los Tristes. De nuevo paso por la Plaza Isabel La Católica y contemplo a la izquierda la verde Gran Vía de Colón. Paso el cruce con Calle Elvira y disfruto de la vida de la Plaza Nueva. Paso junto al Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, pero esta vez cruzo al otro lado de la Plaza de Santa Ana y subo por la escalera hacia Calle Santa Ana, pasando por detrás de la fuente Pilar del Toro. Y por allí, junto al Darro, respiro a bocanadas el aroma de esta ciudad. Entre sus calles, decido perderme en uno de sus baños.

El primer día pude contemplar El Bañuelo, pero me quedé con las ganas de bañarme de verdad. Así que buscando en Turgranada, me cautivó la idea de sentir el agua de esta tierra en Hammam Al-Andalus. Y qué mejor manera que terminar un viaje entre aguas calientes, incienso y tés.

Baños árabes Hammam 📌 Foto de Turgranada

Relajarse en la piscina de agua templada, pues por la caliente y por la helada conforme entro rápidamente salgo 😅. Respirar profundo, aunque con los vahos cuesta más, para purificar nuestras vías nasales y nuestros pulmones. Cerrar los ojos y recrear las bellas imágenes de este viaje. Vuelvo a ver las decoraciones mozárabes de la Sala de Dos Hermanas y los doce leones blancos cerca de ésta, dos órganos enfrentados, la sillería de un coro de donde emanan hermosos cánticos. Escucho el suave susurro del río Darro y el silbido de la brisa de Sierra Nevada. Siento el agua de la ducha del hotel de nuevo sobre mi rostro y el abrazo de sus sábanas sobre mi húmeda piel. Me emociono al ver tacones bailando y cuerdas de guitarra gritando en el tablao. Incluso recreo en mi boca sabores a pescaíto frito, a bravas y miles de tapas, a vino y a cerveza bien fría.


Invadida de emociones y una extraña añoranza que aparece cuando se termina un viaje, quiero llevarme una última imagen de Granada grabada en mi retina hasta que vuelva a ella. Manuel me dijo que el Mirador de San Nicolás bien se había ganado su fama, porque la competición por las mejores vistas aquí es complicá. Pero aunque ese perfil de la Alhambra es inmejorable, había un lugar donde se alcanzaba a contemplar toda Graná. Y que mejor que llevarse de recuerdo una panorámica de toda ella.

De nuevo en el coche y con el sol acompañándome, al igual que lo hizo a mi llegada, me dirijo a Silla del Moro para poner un último atardecer donde debe ir un «hasta pronto». Y recreando a Boabdil, el último sultán de la Alhambra, en los famosos «Cuentos de la Alhambra» de Washington Irving, me siento para contemplar este paisaje antes de partir. Me cuesta pensar que esta noche no dormiré en el regazo del Hotel Casa 1800 Granada, que no podré ir por la mañana a pasear por la Alhambra o dejar que vibre mi sangre por el arte del tablao flamenco La Alborea.

Atardecer desde mirador Silla del Moro 📌 Foto de Flickr

Chavela Vargas dijo, sin ser mexicana, que «los mexicanos nacemos donde se nos da la chingada gana». Yo no sé ande han de nacer los granaínos, pero una parte de mí ya pertenece a Graná.

Me despido de ti, querida Granada,
sabiendo ahora que el amor a primera vista
sí existe.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *